sábado, 12 de agosto de 2017

La ganzua.


Hacia una noche gris y seca como el humo de tantos cigarrillos, con la garganta bien raspada y las rodillas de caídas miraba por la ventana. Mentiría si dijera que las noches de las ciudades son hermosas, hace falta un optimismo un poco más que inaccesible para que te encanten cuando estás a solas. En mi cuarto había solo una televisión, una silla, una cama y el muerto que te habla, la espesa melancolía y un dolor de cabeza de oreja a oreja por un tren viejo que vivía en mi cabeza cargado de mentiras y frialdad, títeres y reyes de mundos pequeños. Las aves comenzaban a trinar y frente a la ventana mi vecina, bien peinada, maquillada y muy bañada, cruzabamos miradas y nos saludábamos con un pequeño ademán, éramos diferentes, yo era un hoyo negro y ella un planeta orbital. Iba a su trabajo y yo a ningún lugar, mis ojos cansados y sonrientes con labios morados, los de ella muy rosados, siempre salía en punto del cuarto para las seis, yo dormía a las siete cuando la luz ya lástima a mis ojos. Nunca la entendí pero siempre la miraba pequeña, su vida atareada y productora, ambos teníamos nuestra manera de pelear por conquistar un mundo imaginario de felicidad. Ella pasaba su vida trabajando y yo maltrataba mis neuronas en desvelos. ¿trabajas despierto o el insomnio te congela? Fueron muchas las noches así transcurridas, allá va ella, nos saludamos y después sentíamos asco mutuo como si miraramos una cucaracha. Nunca la ví con nadie, ni con su familia, solo trabajaba y cada día eso me molestaba un poco más, sentía que debía pararla a decirle que mirara el cielo. Con el tiempo me fui acercando, la miraba en la banqueta pasaba tan cerca que podía oler su baño, su mirada más de cerca me decía que vivía algo que no quería pero que se convencía, así comenzaba a vivir la vida de la que todos hacen profecía y quería saber que habitaba en su alma, un día lo supe, no había nada y en mí tampoco.

Yo había buscado en mi mente y ella fuera, yo me conocía y ella al mundo laboral ¿Que más da si la filosofía señala el autoexamen? ¿De que servía el dinero y acaso valía más que el tiempo o que el sueño? No existe un camino que no haya sido por otro antes recorrido, solo quedan los sentimientos, la huella dactilar del alma. Tratar de salir de las jaulas en las que vivamos, diseñando la ganzua o buscando la llave maestra. El como no importa, importa ser feliz me respondí.

Anocheció otro día, salió y me saludo, la ví partir y me dormí.


viernes, 11 de agosto de 2017

Tropos Excelsis

He iniciado una nueva forma de vida, al fin. La vida me ha mostrado mis errores y a mi edad uno comienza ya a dejar una estela en el camino y surgen las preguntas. ¿Qué es lo que realmente tengo hasta ahora? El dolor me fue cambiando poco a poco, esos hechos se pueden encontrar en mis viejos escritos, que señalan los pensamientos que he tenido. Comienzo a liberarme de mis defectos e inicio un camino nuevo, una busqueda del equilibrio. Ahora comienzo poco a poco a ser una persona grata para mis seres queridos, ellos se aferran a mi como yo a ellos. Cuido de la familia en la que nací e inicio una propia. Llevo conmigo enseñanzas duras y sentimientos dulces. He llegado aquí y no estoy solo, hay personas que de verdad me quieren y otras que aunque ya no estan, hoy son parte de mi identidad, veo lo que he escrito en mi vida, en el mundo fuera de las páginas. Tengo riquezas, cariño y saber, que compartiré para las personas que buscan como dejar de sufrir, yo lo he logrado también. No soy conocedor de la formula pero se de algunos ingredientes y ese es el objetivo de este nuevo blog, seguir compartiendo esta experiencia, este blog, no es para sabios, ni para idiotas, no hay ninguna etiqueta, solo la de la busqueda y alejarse del sufrimiento. Agradecimientos infinitos a quienes me acompañaron en mi tiempo de solo experimentar (Empiric Gnoises), a los que me acompañaron en la mas grande decadencia de mi espiritú en la gula del tragafuego, ahora emprendo y después de conocer del mundo encuentro cosas que no se pueden ver, a eso va este velero ahora, a las riquezas invisibles. El Tropos Excelsis. Agradecimientos a mis padres que en desesperación siempre me han entendido, a los amigos y amigas que me abrazaron e incluso a aquellas personas que de mi, se han separado porque de mentiras aprendí la verdad. Gracias a los que han intentado aplastarme, me enseñaron mi fortaleza. Gracias a mis enfermedades, me han llenado de voluntad. Gracias a mi estupidez y necesdad que me enseñó a sufrir y me lleno de este impulso por cambiar. Gracias a los más necios que yo que me han enseñado el camino de la muerte en vida. Gracias a los buenos por haberme llenado de envidia. Gracias a los malos por haber sido mis amigos. Estoy agradecido al universo por mi pequeño yo.