Me encuentro sentado sentado en un desierto de arenas oscuras en el que en la costa espero el mar, no se ve al horizonte, no se encuentra allí... Pero estoy convencido de que el mar vendrá.
Él mar vendrá lo veo en el color del coral que se resiste a apagarse, lo veo en la asfixia de los peces que saltan, que no morirán ni pararan de agonizar. Él mar vendrá porque huele a sal el vacío que dejó, dónde iba el mar.
Entre la sensación de lo inaceptable existe la amargura de lo que no deja de pasar. Lo que se espuma entre en lo sensible y lo profundo del oleaje del pensar, ahí mismo, el mar vendrá.