Tropos Excelsis
miércoles, 22 de mayo de 2024
El General Furijinshin es un cobarde #2
El General Furijinshin es un cobarde.
domingo, 31 de marzo de 2024
La admiradora
martes, 29 de octubre de 2019
Él mar vendrá.
sábado, 12 de agosto de 2017
La ganzua.
Hacia una noche gris y seca como el humo de tantos cigarrillos, con la garganta bien raspada y las rodillas de caídas miraba por la ventana. Mentiría si dijera que las noches de las ciudades son hermosas, hace falta un optimismo un poco más que inaccesible para que te encanten cuando estás a solas. En mi cuarto había solo una televisión, una silla, una cama y el muerto que te habla, la espesa melancolía y un dolor de cabeza de oreja a oreja por un tren viejo que vivía en mi cabeza cargado de mentiras y frialdad, títeres y reyes de mundos pequeños. Las aves comenzaban a trinar y frente a la ventana mi vecina, bien peinada, maquillada y muy bañada, cruzabamos miradas y nos saludábamos con un pequeño ademán, éramos diferentes, yo era un hoyo negro y ella un planeta orbital. Iba a su trabajo y yo a ningún lugar, mis ojos cansados y sonrientes con labios morados, los de ella muy rosados, siempre salía en punto del cuarto para las seis, yo dormía a las siete cuando la luz ya lástima a mis ojos. Nunca la entendí pero siempre la miraba pequeña, su vida atareada y productora, ambos teníamos nuestra manera de pelear por conquistar un mundo imaginario de felicidad. Ella pasaba su vida trabajando y yo maltrataba mis neuronas en desvelos. ¿trabajas despierto o el insomnio te congela? Fueron muchas las noches así transcurridas, allá va ella, nos saludamos y después sentíamos asco mutuo como si miraramos una cucaracha. Nunca la ví con nadie, ni con su familia, solo trabajaba y cada día eso me molestaba un poco más, sentía que debía pararla a decirle que mirara el cielo. Con el tiempo me fui acercando, la miraba en la banqueta pasaba tan cerca que podía oler su baño, su mirada más de cerca me decía que vivía algo que no quería pero que se convencía, así comenzaba a vivir la vida de la que todos hacen profecía y quería saber que habitaba en su alma, un día lo supe, no había nada y en mí tampoco.
Yo había buscado en mi mente y ella fuera, yo me conocía y ella al mundo laboral ¿Que más da si la filosofía señala el autoexamen? ¿De que servía el dinero y acaso valía más que el tiempo o que el sueño? No existe un camino que no haya sido por otro antes recorrido, solo quedan los sentimientos, la huella dactilar del alma. Tratar de salir de las jaulas en las que vivamos, diseñando la ganzua o buscando la llave maestra. El como no importa, importa ser feliz me respondí.
Anocheció otro día, salió y me saludo, la ví partir y me dormí.