domingo, 31 de marzo de 2024
La admiradora
A ella le gustaba escribir cartas, le fascinaban las novelas románticas, en las que después de un par de obstáculos el amor se disfrutaba dulce y apasionadamente. -No lo sé realmente, me lo imagine, no puedes culparme, debiste verla escribiendo esa carta-. Páginas de amor, dulzura y pasión, decoradas con colores y brillantina.
Bueno, tal vez más interesante es que ella tiene unos 30 años, aunque no se le notaban, para mí fue muy extraño ver eso, disimulé y seguí con mi vida pero de no haber visto eso no habría podido distinguir la historia que se dio frente a mis ojos sin quererlo, en mi camino me volví fiel espectador de la historia de amor de Karla.
Entonces ella escribía cartas, no sé cuántas pero eran al menos dos a la semana, siempre se hacía de un cómplice a quien usaba como emisario, a veces a su fiel amiga, porque, sabemos bien que la chica que escribe cartas cuenta con esta amiga que la apoya incondicionalmente. La Raquel, tenía bastante más suerte en conseguir citas pero como no sabía lo que buscaba, nunca encontraba lo que quería.
Supongo que hacían buena dupla, realmente se les veía hacer buen equipo.
La Karla, decía que le gustaba mucho este chiquillo, que lo iba a conquistar con estas palabrerías de efecto encantador, las cuales pondrían a su hombre a sus pies, cuando ella finalmente le revelara su identidad.
Todo esto está yendo demasiado lento, es fácil pensar pero había que ahondar en unos cuantos detalles antes de comenzar a contar, lo mero bueno de este chisme…
La Karla ya había enviado algunas cartas a su cuchurrumín, no sé bien cuantas, pero no muchas, esta entrega de: Admiradora, K. Carta (2024) n°(?) Con todo mi amor. -La primera que yo pude ver mientras las observaba en el puesto de pizzas de enfrente-. Llevaba un pastelillo, -ya sabes- de chocolate, con mermelada, chispitas y cerezas, adjunta, la carta previamente prescrita y una flor amarilla que realmente no llevaba pero vamos a imaginar que sí. Acción, La Karla perfumó el paquete y le dio el paquete a La Raquel, -Ya está amiguis, acá te espero-, -Sí, bebé- Replicó La Raquel.
Tenías que verlo, esa Karla, -Ay no-, Se pone bien nerviosa, camina dando vueltitas, mira el horizonte y mira el cielo, da pasitos, se pone la capucha y se asoma desde la esquina dos calles más adentro, mira como la Raque, toca el zaguán, del recinto de su pimpollo, en Caballo bayo #106.
Toca una vez, cuatro veces, un ratillo, -De esos que no salen hasta que pateas la puerta-.
Ya hasta me estaba dando más hambre, y ya salió un viejillo. –Buenas tardes, señor. Le vengo a entregar un paquete, que le manda una amiga, una admiradora, que le envía un detalle a- Se explicaba, la Raque. –Y yo no me acuerdo del nombre del tipo- Se explicaba el autor.
Pero mientras tanto, en la esquina de Mariquita Linda, La Karla mira a su compinche, quien con fina danza de simpatía, y destellos ojialegres se discute y convence al viejillo pelón, momentos de tensión empieza a pasar La Karla y es que todo tiene que salir bien, pues este guapetón es el más especial para La Karla.
–Muy bien, Gracias muchachita- Le decía el viejillo bigotón. –Como pensando que realmente la Raque, era el verdadero remitente-
-Perfecto-, Se decía la Karla, exitosamente fue entregado el detallito para su muchachón, y con esto se sentía cada vez más cerca de su meta.
–Hay que reconocer, que la Karla tiene valor, le está echando ganas más de lo que algunos se atreven, vamos a ver qué pasa, es lo que digo yo, lo que dirás tú pero sobre todo, lo que le dijo La Raquel a La Karla. La Karla partió una lanza y se lanzó a la conquista de su vecinillo favorito, a esa Karla no le tiembla nada-
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